domingo, 31 de mayo de 2009

28 de junio - mi elección

Sólo soy una ciudadana más, que busca votar responsablemente sintiéndome identificada con propuestas, ideas y creencias.
Voto ideas, postulados, que sirvan para definir políticas de cambio que contengan criterios que hagan más factible el acceso a los derechos y el cumplimiento de los deberes; por parte de TODOS, sin distinción de clases sociales (ni por alta, ni por baja, ni por media).

Creo que la educación necesaria para producir un cambio en nuestra idiosincrasia, es la educación en los valores, en la ética y en la moral; más que la de los contenidos curriculares de distintas materias. En la disciplina de sentarse a trabajar cada día para ser mejores personas; tengamos lo que tengamos, nos falte lo que nos falte. Que ninguna posesión o carencia justifique la corrupción y el delito.

Un discurso político que incluya la dimensión espiritual no puede menos que resultarme atractivo.

Si hay algo en lo que hemos involucionado o no evolucionado jamás, es en el desarrollo emocional, espiritual, que es lo que nos define como HUMANOS y constituye la vía más productiva para alcanzar la realización personal y disfrutar los logros, valorando los necesarios recorridos para ser y tener (no importa quienes, no importa qué).

Lo que acontece en las individualidades, conforma lo colectivo. Nuestros políticos no son más que el reflejo de lo que estamos pudiendo ser conjuntamente.

Cuando nosotros cambiamos, cambia el mundo.

El misticismo no implica religiosidad. La conciencia mítica supone ser intuitivo, innovador, creativo, quebrar paradigmas obsoletos o sufrientes; y fundar uno nuevo que nos contenga INTEGRALMENTE como personas que somos; implicándonos y haciendo de cada apuesta en nuestra vida cotidiana un acto de fe, de confianza, de respeto hacia nosotros y hacia los otros.

Desde mi propio misticismo, que supone un alto criterio de realidad y responsabilidad, mis votos están puestos desde siempre en los conceptos que aquí resalto en azul:

Nota de Elisa Lilita Carrió

En que creo
el Sábado, 21 de marzo de 2009 a las 20:34
EN QUE CREO
* Creo en la política, como ética de las convicciones y de la responsabilidad para sostener la convicción y no para trampearla.

* Creo en la matriz de la memoria, de la verdad y la justicia. En el ámbito de los derechos humanos pero también en lo económico. La verdad se debe buscar también en las matrices que conducen al hambre y la miseria.

* Creo en la distribución del ingreso y en la distribución de las posibilidades, de la educación, de la justicia y de la palabra. Esta es la democracia.
* Creo en el mérito. No en el mérito de quien acumule mas ganancias, no en quien sea mas egoísta. Creo en la aristocracia del espíritu, en quien hace bien desde un zapato hasta una ley.

* Creo en la educación fundada en la interioridad del ser humano. Creo que formar integridades morales es lo que permite a un sujeto enfrentar las circunstancias de la vida y no al revés. No creo en la educación de los instrumentos, creo en el sujeto que se planta y conduce los instrumentos.

* Creo en la propiedad privada. No creo en la propiedad colectiva de los medios de producción, pero creo en la limitación de esa propiedad en función del interés público y la distribución de la riqueza.

* Creo en el capitalismo con matrices de equidad, con efectivos controles de transparencia, y no creo en el capitalismo de rapiña y exacción como es el argentino.

* Creo en la serenidad y en la perseverancia. Voy a esperar todo lo que sea necesario para que triunfen las convicciones. No me importa la llegada, me importa el camino. Y si recorrer un determinado camino implica no llegar, no llegamos.

martes, 26 de mayo de 2009

Todo es mente

"La duda tiene tanto poder como la certeza" .

La confianza, como la desconfianza.

El esfuerzo, como la desidia.

El amor, como el odio.

Las consecuencias son totalmente diferentes. Nosotros elegimos.


¿Vieron la película "LA DUDA"?. La recomiendo.

lunes, 25 de mayo de 2009

Génesis

Cuando una pareja decide hacer terapia, una de las primeras preguntas que realiza el analista es "¿Cómo y dónde se conocieron?".
El objetivo es reconstruir la GÉNESIS de esa historia y poder ir desentrañando aquello que hizo posible esa unión entre dos personas, que posibilitó el nacimiento de esa terceridad, que es la pareja.
Con la ayuda de ese interrogante, se explora que pasaba en la vida de cada uno y qué pasó, cómo se resignificó lo anterior personal, cuando se encontraron.
Lo que rodea, significa y determina el cómo y la forma del encuentro entre esas dos personas, seguirá estando presente de diversas maneras en la pareja; y dará sustento a la misma, muchas veces "operando desde las tinieblas".
Las crisis aparecen cuando aquello que fundó y fundamentó a esa pareja se perdió o deja de tener sentido para uno o para ambos miembros.

En definitiva estaba pensando en que todo LO QUE PRECEDE a una "existencia", NO CEDE en condicionarla. Naturalmente se da así, porque fué lo que motivó su origen, lo hizo posible, y lo llenó de significados y expectativas (necesarios como elementos preliminares de cualquier proyecto) aún antes de que existiera.

Por lo tanto, esto mismo ocurre en la concepción y nacimiento de las personas: en la génesis de cada uno de nosotros.

Siempre me intrigó ese ANTES que espera (o no) a la concepción de un ser humano. Llevado a mi vida sería:
¿Qué pasaba en la vida íntima de mis padres, en lo más privado de cada uno? (sabido y no sabido, vinculado a su historia personal).
¿Qué pasaba en la pareja?
¿Pensaron realmente en "mi" o pensaron en ellos?
¿Qué pensaron?
¿Fué a solas o hubo una parte que pudieron proyectar manifiestamente juntos?
¿Qué parte quedó en la intimidad de cada uno y qué parte pudieron decir/se?... ¿Dijeron?
¿Pensaron?
¿Qué carencias y deseos tenían en lo personal y como pareja, que dieron lugar al acontecimiento "hijo"?.
(Siempre sucede esto: para que alguien/algo aparezca, tiene que haber un espacio en el cual, y por el cual, pueda surgir).

Algunos crecemos y en ese proceso aprendemos, al menos, a vislumbrar cosas de ese ANTES que fué nuestro principio y nuestra "razón de ser" (no nuestra, sino de nuestros padres); y que transmutaron en ciertos "patrones de nuestro comportamiento" (no de nuestros padres, sino nuestros).

También, por supuesto, influye lo surgido después del nacimiento con la educación y la crianza; pero me gusta pensar en el poder de ese mar de significados, interpretaciones, necesidades y hasta "ansiedades", que nos esperaba o nos necesitó antes de existir; del cual emergimos y con el cual nos ungieron de determinados sentidos que hicieron a nuestra identidad y entidad en cada familia.

¿Alguno de Uds. conoce algo de su GÉNESIS?

Yo tengo pendiente preguntárselo a mis padres, así abiertamente. Estoy casi segura que me lo manifestarán como puedan; pero sin intentar ponerle máscaras, ni maquillajes para que se vea más bonito, de lo que incluso pudo haber sido; y sin preocuparse por lo socialmente aceptado. No creo que salgan con el cliché "del fruto del amor" o similar (aunque por supuesto, estas motivaciones, no son excluyentes). Conociéndome, sabrán que voy por otro nivel de respuesta... ("lo otro" "lo no dicho" o incluso lo no sabido ni por ellos en ese momento).
Quizás porque se que lo voy a saber todavía no se los he preguntado, jaja!!... ¡Pero lo haré! ¿Por qué? porque me intriga saber cuánto de lo que me antecedió y me posibilitó, define mi forma de ver el mundo aún hoy; si esa forma me gusta o no, si la sigo eligiendo para mi vida (¡si tiene que ver con mi vida!). Porque me apasiona conocer la génesis de las construcciones, de los proyectos: ayuda a comprenderlos, a reformularlos, a actualizarlos, dándoles una estructura de forma necesaria, cada vez más flexible y sólida.

Lo que vino después del nacimiento lo tengo bastante trabajado; lo anterior me resulta intrigante, interesante, misterioso y ¡hasta espeluznante! Me atrae. Ayuda a abrir más las puertas de la percepción.

lunes, 18 de mayo de 2009

No te salves.



Mi homenaje a Mario Benedetti
(14 de septiembre de 1920 - 17 de mayo de 2009).

No te salves

No te quedes inmóvil al borde del camino

no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora ni nunca
no te salves no te llenes de calma
no reserves del mundo sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si pese a todo no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.


De mis favoritos. Un magistral canto al desafío y a la "alegría de vivir peligrosamente", como también propuso Osho.

La suerte no es sólo cuestión de suerte.








Creo en que somos artífices y responsables de nuestro presente y, en cada acto, trazamos cierto tipo de probabilidades para nuestro futuro.

Creo en que nuestras acciones van generando, o al menos favoreciendo, que ciertos sucesos o fenómenos ocurran.

Creo en que siempre hay algo más que se puede hacer. La clave es encontrar caminos alternativos e ir transformando los carteles de STOP! (muchas veces imaginados y sobredimensionados, más que reales ) en indicadores de AVANCE!.

Creo, asimismo, en que tenemos derecho a descansar y pedir ayuda siempre que lo necesitemos, para continuar.

Abrir posibilidades requiere de una actitud mental y espiritual confiada - en nosotros mismos - esperanzada, responsable y activa. Los esfuerzos y la perseverancia, combinados con creatividad van configurando situaciones que resultan coherentes con nuestro deseo. Nuestra realidad interna y externa comulgan. Si el resultado no está en la línea de lo esperado, es la oportunidad de profundizar sobre nuestros deseos más intimos y descubrir ese aspecto negado, que por silenciado, no pudo más que protestar apareciendo en la escena. También será el momento de dejar que el tiempo haga lo suyo y nos permita aceptar los procesos.

Creo en que la intensidad de nuestras acciones, la búsqueda ferviente de una posibilidad, nos ubica siempre en el mejor lugar posible en cada momento; aunque dicho lugar no se parezca al anhelado. Si sentimos que hemos propulsado la consecución de nuestros intereses y lo corroboramos en nuestras acciones, podemos enunciar un "será lo que deba ser" en paz. De seguro, traerá el festejo por los logros alcanzados y/o la aceptación en armonía de aquello que nos alcance, tal como nos alcance.

Creo en la fuerza de atracción del pensamiento. De nada sirve decir que queremos algo cuando en nuestra realidad más íntima (y más potente) estamos esperando que eso mismo no ocurra; y viceversa. Alguien dijo: "Ojo con lo que deseas porque puede hacerse realidad...". Es interesante conocer lo que deseamos y por qué, definirlo concretamente sin tenerlo miedo, y atraerlo en pensamientos, sentimientos y acciones.

Mucho se habla de la madurez pero poco se sabe acerca de lo que significa "ser maduro". Ser maduro, para mí, es hacernos cargo de nuestras ganas y no ganas (sean las que fueren); pero sin sostener en el esfuerzo o el dolor de los Otros el peso de nuestras elecciones.

Creo, también, en que no controlamos TODO (mal que nos pese y ¡por suerte!). Creo en que las energías de cada ser y elemento de nuestro contexto, de nuestro entorno micro y macro referencial, vibran con nosotros, y van agitando diversas formas de la vida que pueden combinarse de infinitas maneras, aportando a la constelación de nuestras circunstancias, ese matiz particular que adquiere nuestra existencia en cada momento. Ese conjunto de fuerzas que se combinan de manera impredecible, puede llamarse suerte.


Creo, entonces, en la suerte; pero si me visita deseo que me encuentre trabajando.

martes, 12 de mayo de 2009

Ayer Vero cumplió 34.

Además de ponerme contenta porque de a poco me van haciendo compañía en esta nueva cifra difícil de asimilar, para mí que padezco desde siempre del Síndrome de Peter Pan y Campanita juntos; ayer tuvimos oportunidad – como todas las veces que nos juntamos – de disfrutar seguir siendo las mismas esencias que alguna vez se atrajeron allá por el año 1988, quizás sin mucha razón; y nunca más se separaron hoy con muchas razones que explican y sostienen el sentimiento que nos une fuerte y sólidamente. El respeto, la risa, las penas y las situaciones compartidas en tantos años de verdadera amistad, con la capacidad de adaptarnos a los cambios, sincerarnos, aceptar la diferencia y seguir construyendo un vínculo que sabe reciclar el amor en cada nueva etapa de la vida, y de la de cada una en particular.

Una de las cosas que más me hace feliz de tener estas amigas es que siempre que nos vemos nos sale jugar (siempre). Ayer jugamos y mucho; casi abstraídas de dos pobres espectadores que miraban la escena sin opción, vaya a saber con qué pensamientos y sentimientos.

Cuando yo cumplí 30 hice una megafiesta a la cual asistieron aproximadamente 90 personas, todas significativas en mi vida por distintas razones. En la tarjeta de invitación a aquel evento, incluí el texto de una canción de Sabina por la cual siempre sentí una atracción especial, a pesar de no ser de los temas que más me gustan de él ("Pastillas para no soñar", ¿la conocen?); y en la portada del álbum de fotos, no había mejor texto de presentación que el que les comparto aquí de Nietzche para reflejar los cambios que se estaban gestando y empezando a concretar por aquellos años, y hoy cada vez que me junto con mis amigos - en especial con Ani y Vero - puedo decir que lo logramos, o al menos es nuestro horizonte, nuestro estilo para vivir la vida.

Chicas, las amo. FELICES 34 a las que ya estamos ahí y a las que se van acercando al baile de seguir, aún, del lado correcto de los 30 (como bien dijo Luis Tombo).

Quedense tranquilas, que cuando pasemos los 35 inventaremos o adoptaremos alguna otra frase para seguir justificando un estilo de contacto del cual estoy más que orgullosa.

Va el texto de Nietzche. Para todos y para disfrutar:

El espíritu quiere hacer ahora su propia voluntad; perdido para el mundo, se conquista ahora su propio mundo.Os he indicado las tres transformaciones del espíritu: la del espíritu en camello, la del camello, en león y la del león en niño”. (“Así hablaba Zaratustra”. F. Nietzsche, p. 41).

El camello busca lo pesado para el espíritu fuerte y sufrido, apetece su fuerza en lo más pesado y se arrodilla ansioso para llevar la pesada carga y así gozar con la fuerza de la sumisión. Pero es necesario transformar al espíritu en león ya que éste es capaz de conquistar la libertad para mandar en su propio territorio, busca al amo para enfrentarlo y proclamar su ¡yo quiero!

El camello carga con el peso de los valores establecidos, con el peso de la educación, de la moral y de la cultura, transformándose en león rompe con el “deber ser impuesto” iniciando la crítica a los valores instituidos.

Pero ambos animales representan la captura en la tradición del orden instituido, ya sea por cumplimiento sufriente (la carga del camello) o por rebeldía que destruye (la furia ciega del león).¡Tú debes!, ¡Yo quiero!
La forma social actual prepara al adulto para identificarse y cristalizarse en el camello o en el león, para oscilar entre ambos; podríamos hipotetizar que de ahí se deriva la ausencia de juego y la tendencia a la “nerviosidad moderna” de los adultos, atrapados en el sacrificio o en la competitividad y la exigencia de éxito, como sujetos sufrientes que “cargan” o “pelean” pasiones tristes, incapaces de crear otros sentidos a sus existencias que los formen libres.

Pero el verdadero desafío aparece en la última transformación del espíritu, la de convertirse en niño, en juego, en creación de nuevos valores, de nuevas acciones, de otro comienzo.
Devenir niño no significa infantilizarse sino entregarse voluptuoso a la creación, ya que crear es aligerar, es “descargar” la vida, inventar otras posibilidades Y, en ese acaecer flexible, instaurar un modo lúdico en todas las acciones, dispuestos a olvidar más que a pelear al “deber ser” y así, volvernos libres”·

lunes, 11 de mayo de 2009

Ritmos de VIDA

Hace unos días leí en un Blog que sigo, una apreciación personal del autor respecto de lo que le genera toparse con “gente lenta”. Esos sentimientos de “odio” que a veces provoca intentar andar al ritmo de esta “civilización”; y encontrarse con otros que no corren tanto (o al menos no todo el tiempo). El título del posteo era “Odio a la gente lenta”. Refería específicamente a situaciones cotidianas en las que venimos andando rápido y tenemos que negociar nuestro apuro con gente que camina a paso lento, tarda en bajar de un taxi, etc.

Se generó un debate interesante entre los comentaristas. Gente que se sentía identificada con esa “bronca” casi voraz presentada como involuntaria pero inevitable hacia los lentos. Agunos, además de mencionar ejemplos concretos, consideraban que esas personas no tienen en cuenta al otro en su andar despacio, específicamente por la urbe; aunque se extrapolaba el tema a la vida misma.
El concepto que inferí de los comentarios a favor de la repulsión a la gente lenta, es el rechazo a un “perder el tiempo que hace perder el tiempo” . El autor agregó, además, la idea de que muchas veces esa lentitud es incapacidad para manejar los propios entusiasmos.

Personalmente me dio gusto ver que muchas personas cuestionaban el punto de vista, y más aún, al percibir que lo hacían desde un lugar de responsabilidad frente a su rol en la sociedad, frente a su aporte como personas en busca de una realización personal integral; y no como defensores de una calma improductiva, ventajista sobre la rapidez de los otros, o evasiva del propio deseo (este tipo de “calma” - la de no hacerse cargo de sí mismo, esperando de los otros o a pesar de los otros - soy la primera en cuestionar y casi no me importa si los motivos son conscientes o inconscientes; me pongo exigente en esto y admito que más de las veces me enoja).

Dejé un comentario en dicho Blog que tiene que ver con mi recorrido respecto del tema planteado, un enfoque muy sesgado por factores situacionales; pero me arriesgo a decir que bastante determinado por un verdadero crecimiento personal que experimenté en los últimos años.

Dije algo así como:

Desde que puedo andar más lento por la vida, deseo no tener que volver a correr ni sufrir de urgencias permanentemente. Cuando no toleramos esos movimientos que se ven mas lentificados de lo que realmente son, es porque estamos andando a un ritmo que excede nuestra capacidad de tolerancia y perturba el disfrute por lo que hacemos.
Son registros de la vida, de los otros, que nos alteran porque estamos al límite de nuestras fuerzas; y cuando no lo podemos admitir nos ponemos aún más exigentes con el afuera. Queremos que nos den "ese resto" que nosotros no nos dejamos... y que deberíamos siempre tener. Pasa, sí, y muchas veces resulta casi inevitable. Creo que lo importante es que no se transforme en un estilo de vida y de relación con el mundo.
Yo abogo por un SLOW UP! (en vez del conocido Slow Down): andar despacio, pero ¡arriba!; conscientes de lo que hacemos, lo que generamos y lo que nos genera; con ganas de hacer, y haciendo; avanzando sobre nuestros intereses y necesidades, buscando disfrutar y procurándonos las condiciones para poder hacerlo, aún cuando nunca se termine de lograr... dejándonos ese colchoncito de aire (de vida) para poder relativizar las cosas.
Andar por la vida "calmo" requiere de sabiduría; me refiero a la calma que surge del compromiso con la existencia, y el real entendimiento propio y de la dinámica del universo.

También es cierto que hay gente que anda lento porque posterga, desconoce o teme encausar sus entusiasmos; y otra que anda maníacamente por la vida llevándose todo por delante porque, al igual que el supuesto lento, hay cosas que lo convocan y no puede más que desatenderlas, atendiendo sólo las que le dan seguridad en su esquema conocido de funcionamiento. Ambas son manifestaciones neuróticas, extremas, que alejan a la persona de su verdad, o de una verdad que necesita ser asimilada en ese momento.

El tema me interesa y mucho. Es muy de estos tiempos y sirve darle un espacio para la reflexión, más allá de que todos tengamos un estilo, un ritmo o forma más habitual de andar por la vida.
Ser conscientes de por qué andamos como andamos nos permite modificar lo necesario y/o en todo caso volver a elegir con más serenidad; sin culpar a nadie y mucho menos cuando nada tiene que ver nosotros o nuestra empresa.

Insisto con el SLOW UP!, me surgió en este mismo momento y me gustó el concepto, al menos para mi vida.








martes, 5 de mayo de 2009

Paciencia.

“No hay mal que cien años dure, ni cuerpo que los resista”

La paciencia es una capacidad que siempre me intrigó. Será porque se reconoce como una virtud; hasta que en ocasiones notamos, o nos hacen notar, que estamos haciendo un uso desmedido o inadecuado de la misma, cuando “sostenemos algo” que nos está perjudicando.

¿Cuándo es virtud y cuándo puede tomar la forma de un defecto por la nocividad hacia uno mismo?. En este último caso: ¿sigue siendo paciencia o se transforma en “otra cosa”?.

¿Cuándo estamos siendo maduros al tenerla y ofrecerla; y cuándo esa… ¿tolerancia? (¿es lo mismo que paciencia?) es un rasgo de inmadurez?.

Hay circunstancias que logran impacientarme o provocarme una molestia que no puedo ubicar en mejor lugar. Muchas veces me pregunto si ese estado es producto de estar siendo excesivamente paciente o - ¿por el contrario? - excesivamente intolerante; y más de las veces me cuesta discernir.

¿Cuándo, cómo y cuánto ser paciente?. (¿Serían estas las preguntas a realizarnos?).
¿Cuándo un problema de desmesurada paciencia (falta de moderación, de la “medida adecuada”), nos pone en problemas? (por exceso o por defecto).

Creo que es más difícil de lo que se cree IDENTIFICAR estos LÍMITES y lograr hacer un BUEN USO de la capacidad de la paciencia.

Para despejarme un poco la cuestión, voy a exponer algunas de mis opiniones o creencias asociadas al “ser paciente”.

- La paciencia es una característica de la personalidad madura.
- Su opuesto es la impulsividad y/o la ira.
- La personalidad madura busca la armonía y se descubre más auténtica en ella. (No asociar, ni ahora ni nunca, madurez con seriedad o formalismos cercenadores. La personalidad madura sabe ser lúdica).
- Paciencia me remite a poner límites (aunque no parezcan corresponderse): a nosotros mismos primero; pero también a los otros.
- Implica una delimitación que busca abrir un espacio, un juego. No lo cierra con preconceptos, necesidades inmediatas, temores o ansiedades que, en general, nos vienen de carencias no resueltas y tienden a apoderarse de nosotros.
- La paciencia es una potente fuerza interna que genera delicados y suaves” movimientos externos, que se ejercen con firmeza.
- Ser paciente no significa ser pasivo. Lo veo más como un repliegue para activarnos interiormente, captarnos captando al otro, y viceversa.
- La paciencia nos ayuda a desarrollar una sensibilidad que nos permite identificar problemas, contrariedades, alegrías, tristezas, frustraciones; reposar un poco en ellos, tramitarlos internamente para lograr cursarlos de la mejor manera.
- Estimula la empatía hacia los otros. Detiene una reacción nerviosa o colérica para ponernos a reflexionar sobre las causas por las cuales una persona actúa o una situación se presenta de determinada forma; y por qué esa forma nos genera una excitación alterada incómoda y angustiante (nos enoja).
- Nos recuerda que podemos valernos del tiempo: para introspectar, acomodarnos, sentir y pensar más claramente; mientras la vida fluye y se reencauza. Para comprender al dialogar con nosotros mismos y con los otros. Para accionar de manera “eficiente” al reestablecer una anhelada sensación de bienestar o serenidad, con un plus de ganancia emocional. (Al final del proceso, deberíamos haber alcanzado mayor madurez emocional).
- Tener paciencia es favorecer un espacio para que una oportunidad se despliegue.
Sólo cuando ésto no ocurre en un “tiempo prudencial" deberíamos dejar de ser pacientes en un sentido para poder accionar en otro. (¿Cómo saber cuando el tiempo cumple en ser prudencial? ¿será cuando empezamos a alejarnos de nuestro eje, perdiendo potencialidad para nuestros proyectos?)

Releyendo lo que expuse anteriormente, resulta claro que yo también considero que ser paciente es virtuoso; pero entonces… ¿Cuándo se da y cómo se llama esa actitud que desplegamos frente a una situación o una persona, que nos hace mal; y nos engañamos suponiendo que estamos siendo pacientes (maduros) y en realidad estamos siendo… ¿obstinados? (¿será esa la palabra?) al no querer modificar una relación (¿con nosotros mismos?) no sana, por temor a soltar, por temor al cambio, por temor a volver a empezar, por temor a crecer…

Entonces encuentro que tengo creencias vinculadas a la paciencia, como actitud que persigue con calma un objetivo de crecimiento y cambio; y creencias vinculadas a la obstinación como una actitud insegura y desesperada que, a través de una forzada permanencia en una postura, impide que un cambio estructural y necesario acontezca.

Ambas conllevan angustias, postergaciones y decisiones difíciles; pero eso no las hace iguales.
La posibilidad de aprender, elevarnos espiritualmente y aportar al bien común o no, las diferencia y define.

El ser paciente– maduro, ante una situación que no controla:

* Sabe que las cosas son como pueden ser.
* Aporta una confianza atenta y no una confianza ciega.
* Brinda oportunidades para el mismo y para los otros, confiando en que el infortunio se resolverá.
* Confía. No niega. Confiar es actuar sin resentimientos; es soltar una actitud esperanzada, calma y activa. Quien está siendo paciente con una situación busca modificarse con la experiencia, actuando conforme con su deseo.
* Intenta comprender que el otro acciona como puede, como sabe; que esas formas difieren de las propias y que no siempre tienen una intencionalidad de daño. Así y todo sabe que puede y debe elegir qué quiere para sí, en tanto transita el espacio vivencial que le permitió abrir su capacidad de paciencia.
* Atiende la situación, se involucra; pero también la sobrevuela para dejarla transcurrir sin creerse su único protagonista.
* No la deja librada únicamente al paso del tiempo. Interviene para dar y recibir, mientras sabe que cuenta con la ayuda del tiempo para que el resto de los elementos también decanten y configuren una situación diferente.
* Comunica honestamente lo que siente a los otros, aunque sea doloroso. Avisa que hay algo que le molesta, que no entiende, que le cuesta; y pide ayuda. Se compromete y apela a las responsabilidades de todos los involucrados.

La paciencia, entonces, sería una capacidad que permite un proceso por el cual el ser busca realizarse en una nueva situación, y en relación necesaria con los otros.

El ser ¿obstinado – inmaduro?, ante una situación que no controla:

* Sostiene una comprimida tolerancia que no cede lugar ni deja que el otro sea libre de ocupar el que elija.
* No asume el dolor de una expectativa no satisfecha; y tiende a taparla con una intranquila excusa que evita el conflicto manifiesto.
* Genera tensión interna y externa, bajo una impostada y falsa calma que se sustenta en otras acciones que, en general, la contradicen.
* Actúa desde la desconfianza.
* Siente, aunque "se tape", el frío inevitable de una evidencia que no quiere ser mirada.
* Se apega y fuerza a que algo permanezca de una forma conocida, empobrecida y sufriente. El tiempo en estos casos sólo sirve para arrojar más de lo mismo; cada vez con mayores resentimientos y negatividad.

El miedo al dolor del crecimiento, el temor a dejar la “cómoda zona de incomodidad”… para probar una “incómoda zona de nueva comodidad posible”

La obstinación es también una capacidad y un proceso por el cual el ser busca fijarse a una forma de relación, a pesar de sí mismo y de los otros.

Creo que muchas veces cuando... ¿“nos damos o damos tiempo”?, actuamos con una combinación de ambas actitudes, en dosis diferentes y variadas. Así expuestas son como dos posturas puras que me resultan bastante válidas para pensar lo que a veces se me presenta como un dilema.

Lo dicho hasta acá me resulta insuficiente y me altera. ¿Estaré siendo en este instante excesivamente paciente u obstinada con el tema?... ¡¿es lo mismo?!. Ven, no lo agoto. Este contrapunto no lo había pensado hasta ahora; pero hasta acá llegó mi paciencia para que este escrito pueda surgir.


¿Qué piensan Uds. sobre este tema?

Sobre Camila y Mateo...


... Y sus ojos que iluminan mi alma.


A la medida del amor que los esperaba antes de nacer,
que crece y los acompaña día a día,
trascienden nuestras pobres y viciadas formas de expresar los sentimientos, cuando con autenticidad, inocencia y a la vez una extraña madurez, sus ojos mi alma iluminan.

Niños de Dios, el más evolucionado de los adultos que aún no ha nacido,
comprenden lo incomprensible, devolviendo la pregunta al espejo de mis ojos
¿por qué el dolor?.
Ellos saben que el amor dentro de los corazones es capaz de recrear el mundo sobre el sueño de cada uno de nosotros.

Camila y Mateo son la pureza, el amor;
el abrazo que sabe transmitir y recibir calor;
la familia y la unión de las almas que se necesitan;
la sonrisa que en los días grises abre el cielo para que asome el sol;
la absoluta inteligencia emocional hecha ser,
los ojos de un nuevo mundo que nos muestra la forma de volver a nacer.

La intensidad y el fuerte color de sus ojos, impulsan su luz para irradiar en nosotros.
El tamaño de sus ojos es a la medida de la expresión que necesitan para abarcar todas las almas de quienes comprendemos el milagro de poder mirarlos
Si hay sonrisa o hay llanto sólo son refuerzos del mensaje, siempre de amor, que hay en sus ojos.
Un mensaje de vida hay en ellos, todos los días.
Los ojos de Mateo y Camila son las ventanas por las que Dios asoma a nuestras vidas y nos muestra la importancia de soñar, con los ojos y el corazón abiertos, de cuidar los sentimientos, de creer en el amor, la unión y la paz.

Seres especiales, espirituales, de infinita bondad y amor,
nunca dejen de jugar y de creer, porque en cada uno de esos actos
hay un mundo que se construye;
porque sus ojos merecen ver en cada uno de los seres a quienes aman
las infinitas posibilidades de ser quienes podemos ser,
para que ustedes puedan seguir siendo lo que son:

milagros en medio de un mundo que intenta y aún no puede… pero a través de sus ojos por momentos “es”.



Algún día de 2005, cuando necesité creer, valorar y comprender una vez más.

Los ama, TIA LORE