lunes, 11 de mayo de 2009

Ritmos de VIDA

Hace unos días leí en un Blog que sigo, una apreciación personal del autor respecto de lo que le genera toparse con “gente lenta”. Esos sentimientos de “odio” que a veces provoca intentar andar al ritmo de esta “civilización”; y encontrarse con otros que no corren tanto (o al menos no todo el tiempo). El título del posteo era “Odio a la gente lenta”. Refería específicamente a situaciones cotidianas en las que venimos andando rápido y tenemos que negociar nuestro apuro con gente que camina a paso lento, tarda en bajar de un taxi, etc.

Se generó un debate interesante entre los comentaristas. Gente que se sentía identificada con esa “bronca” casi voraz presentada como involuntaria pero inevitable hacia los lentos. Agunos, además de mencionar ejemplos concretos, consideraban que esas personas no tienen en cuenta al otro en su andar despacio, específicamente por la urbe; aunque se extrapolaba el tema a la vida misma.
El concepto que inferí de los comentarios a favor de la repulsión a la gente lenta, es el rechazo a un “perder el tiempo que hace perder el tiempo” . El autor agregó, además, la idea de que muchas veces esa lentitud es incapacidad para manejar los propios entusiasmos.

Personalmente me dio gusto ver que muchas personas cuestionaban el punto de vista, y más aún, al percibir que lo hacían desde un lugar de responsabilidad frente a su rol en la sociedad, frente a su aporte como personas en busca de una realización personal integral; y no como defensores de una calma improductiva, ventajista sobre la rapidez de los otros, o evasiva del propio deseo (este tipo de “calma” - la de no hacerse cargo de sí mismo, esperando de los otros o a pesar de los otros - soy la primera en cuestionar y casi no me importa si los motivos son conscientes o inconscientes; me pongo exigente en esto y admito que más de las veces me enoja).

Dejé un comentario en dicho Blog que tiene que ver con mi recorrido respecto del tema planteado, un enfoque muy sesgado por factores situacionales; pero me arriesgo a decir que bastante determinado por un verdadero crecimiento personal que experimenté en los últimos años.

Dije algo así como:

Desde que puedo andar más lento por la vida, deseo no tener que volver a correr ni sufrir de urgencias permanentemente. Cuando no toleramos esos movimientos que se ven mas lentificados de lo que realmente son, es porque estamos andando a un ritmo que excede nuestra capacidad de tolerancia y perturba el disfrute por lo que hacemos.
Son registros de la vida, de los otros, que nos alteran porque estamos al límite de nuestras fuerzas; y cuando no lo podemos admitir nos ponemos aún más exigentes con el afuera. Queremos que nos den "ese resto" que nosotros no nos dejamos... y que deberíamos siempre tener. Pasa, sí, y muchas veces resulta casi inevitable. Creo que lo importante es que no se transforme en un estilo de vida y de relación con el mundo.
Yo abogo por un SLOW UP! (en vez del conocido Slow Down): andar despacio, pero ¡arriba!; conscientes de lo que hacemos, lo que generamos y lo que nos genera; con ganas de hacer, y haciendo; avanzando sobre nuestros intereses y necesidades, buscando disfrutar y procurándonos las condiciones para poder hacerlo, aún cuando nunca se termine de lograr... dejándonos ese colchoncito de aire (de vida) para poder relativizar las cosas.
Andar por la vida "calmo" requiere de sabiduría; me refiero a la calma que surge del compromiso con la existencia, y el real entendimiento propio y de la dinámica del universo.

También es cierto que hay gente que anda lento porque posterga, desconoce o teme encausar sus entusiasmos; y otra que anda maníacamente por la vida llevándose todo por delante porque, al igual que el supuesto lento, hay cosas que lo convocan y no puede más que desatenderlas, atendiendo sólo las que le dan seguridad en su esquema conocido de funcionamiento. Ambas son manifestaciones neuróticas, extremas, que alejan a la persona de su verdad, o de una verdad que necesita ser asimilada en ese momento.

El tema me interesa y mucho. Es muy de estos tiempos y sirve darle un espacio para la reflexión, más allá de que todos tengamos un estilo, un ritmo o forma más habitual de andar por la vida.
Ser conscientes de por qué andamos como andamos nos permite modificar lo necesario y/o en todo caso volver a elegir con más serenidad; sin culpar a nadie y mucho menos cuando nada tiene que ver nosotros o nuestra empresa.

Insisto con el SLOW UP!, me surgió en este mismo momento y me gustó el concepto, al menos para mi vida.








3 comentarios:

  1. Voto por la calma en sintonia con el compromiso que aleja el stress y nos permite comprometernos mas seriamente con la vida ¡¡¡ Desde otro angulo mas sano. Yo anduve muy apurado y enojadisimo con los otros... los que yo denominaba ¨lentos¨ y no fui muy lejos, en rigor me gano el desgaste, el cansancio y me enfermo. Aboguemos por la lentitud con ritmo, valga la diferencia.
    Santiago

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  2. A la luz no le preocupa la oscuridad. Creo que debemos concentrarnos en desarrollar la propia luz y poner la energía en el dar gracias más que en preocuparnos o angustiarnos por los que no pueden, no quieren o no saben; Ya lo dijo Einstein; No se puede ir más rápido que la velocidad de la luz; Y las velocidades son relativas; El espacio y el tiempo mismo son relativos; El hombre liebre y el hombre tortuga tambien tienen derecho a disfrutar de la paz del universo; Si su nivel de velocidad lo aleja o se lo impide, debería sentir que esta en la oscuridad. Es curioso plantearse amistad o enemistad con el sr. tiempo, cuando no sabemos quien es, si esta solo o simplemente es una fantasía para confundirnos; y como dijo Facundo Cabral: no estamos demorados, estamos distraidos!
    Será así?

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  3. Creo que si, todo es relativo, según quien lo mire, por ejemplo, a mi me tildan a veces de lenta pero otras veces soy yo la que desespero ante la lentitud de otros.
    Me parece que a grandes rasgos, los desafíos en relación a los ritmos son dos: el primero, encontrar el propio ritmo de vida, el que mejor nos hace según como somos y lo que necesitamos en cada momento; y el segundo es aprender a vivir en armonía con los ritmos de los otros (que tienen igual derecho que uno), lo cual, como en todo aspecto de las convivencias, implicará a veces ceder un poco y "bailar" al ritmo del otro/s y otras veces conseguir que el mundo cercano "baile" a nuestro ritmo.
    Cualquier momento compartido (con una amigo un rato, con un taxista un viaje, con una pareja muchos años) necesitará de la mayor armonía posible en este baile, a veces se conseguirá y a veces no, pero me parece que es importante tener sobre todo RESPETO, por lo que vos muy bien explicás: tomarse más o menos tiempo para hacer las cosas depende del tipo de compromiso que cada uno PUEDA/ELIJA tener con su vida y cómo lo aborde. Y eso hay que respetarlo.
    En lo personal, si! Vamos por el Slow up!
    (gracias a mi experiencia de vida marplatense, como vos bien sabés, pude darme cuenta de todo esto... dios!!! si habré puteado al principio cuando tardaban 1 hora en envolverme las facturas!!!)
    Besos

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