jueves, 25 de junio de 2009

Michael, on the Moon Walk...

Matu, hermoso de la Tía: Quería contarte que los GENIOS son seres especiales. Dice la mitología que son una terecera clase creada por Dios, entre los hombres y los ángeles.

Son seres fantásticos. Tienen habilidades y capacidades tan únicas que no parecen pertenecer a nuestro mundo, y quizás no pertenezcan. Es como si hubiesen llegado a la Tierra desde un Reino de Fantasía.

Algunas tradiciones de pueblos muy antiguos, cuentan que son espirítus de pueblos desaparecidos, que actuaban de noche y se escondían de día. Quizás Michael sobrevoló sobre su infancia que nunca pudo ser (desaparecida); para venir a jugar como un niño en los escenarios. Estoy segura que eso le dió felicidad; pero no más de la que nos dió a nosotros.

Los seres especiales llegan a nuestra vida a dar más que a recibir. Esa es su misión.

Dicen que los GENIOS, a diferencia de los ángeles, comparten el mundo con nosotros, existen como uno de nosotros y ¡hasta podemos confundirlos con los humanos!.

Ellos van tomando distintas formas durante su estadía en nuestro planeta. Se transforman de la manera que sienten que necesitan; aunque nos resulten muy extrañas y nunca las lleguemos a comprender. Mientras, siguen su camino haciendo las cosas que saben hacer tan bien y luego, desaparecen.

Pueden parecer locos porque hacen cosas ¡increíbles!, a veces inexplicables que nos horrorizan y nos maravillan a la vez. Ellos no tienen reglas, su creatividad no tiene límites; no se parecen a nada ni a nadie anterior a ellos.

Son puro sueño, creatividad e imaginación. Supongo que así es como se debe vivir en el Reino de Fantasía...no sé, me imagino.


No estés triste mi amor, él hizo algo ÚNICO en su paso por este lugar. Bastante de su arte llegaste a ver y compartimos juntos.

Imaginate ahora, que está haciendo su pasito de la luna y volviendo a su lugar... Vamos a decirle algo nosotros que lo disfrutamos tanto para que se vaya tranquilo:

Michael: gracias por darle a nuestra infancia, la infancia que no tuviste, por permitirnos soñar con tu música, tus canciones y tu baile. Te dejamos ir y estate contento: ¡tu misión está cumplida!



sábado, 20 de junio de 2009

¿Qué es un padre?

  • Alguien que, desde el amor, nos marca según sus propias pautas, dándonos necesarias referencias para comenzar nuestro andar. En algún momento entramos en crisis con ellas, y buscamos pautarnos según el propio deseo, impulso creador de otros caminos: los que decidamos transitar.
  • Alguien que se hace responsable de nosotros, y no por nosotros.
  • Alguien que nos pone límites a través de los cuales aprendemos a negociar con él y luego con el mundo. Es nuestro desafío aceptarlos a la vez que cuestionarlos. Progresivamente, al alcanzar la madurez, podremos expandirnos a través de ellos, trascenderlos con nuestro propio vuelo. Las personas necesitamos carretear bastante antes de poder "volar": primero por la carretera paterna, después por la nuestra... sólo así contamos con el trayecto y la potencia necesaria para el despegue.
  • Alguien que traza la distancia "adecuada" para relacionarnos, sin que se desdibujen los roles de cada uno. Si esa distancia no pudo ser la "adecuada", contamos con la base de ese legado para rectificarla en otras relaciones. Paradójicamente sin distancia, no hay posibilidad de acercamiento; sin distancia tendríamos abismo o indiferenciación: posiciones desde las cuales nadie es ni puede ser.
  • Alguien que en algún momento nos toma de la mano, nos ubica en un camino, nos empuja, nos hace correr y luego nos suelta como puede, cuando puede. En ese momento es importante saber que ya está en nosotros para siempre, con lo que pudo y lo que no pudo. Comprendemos su esfuerzo, valor, posibilidades y circunstancias; reforzamos el amor para poder reencontrarlo y abrazarlo siempre, más allá de la posibilidad del contacto físico.

Les comparto un video que descubrí hace un tiempo gracias a cuidadoalcruzar, el blog de Virginia.

Feliz día a los padres internos y externos,
ordenadores primarios de nuestra carretera.


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jueves, 18 de junio de 2009

Nada es lo que parece


"En el colegio contaba que el autor de Platero y yo era muy, muy, muy, pero muy amigo de mi abuela. Y los maestros me decían deje de hablar pavadas, Peña. Yo siempre fui condenado y descreído por decir la verdad. Y digo tanto la verdad, tan de frente y sin filtro, que la gente piensa que miento"

"... Yo no creo en el pecado, no está en mí.
Soy mucho más ingenuo de lo que la mayoría cree".

Fernando Peña (entrevista Silvina Lamazares para Clarín, agosto de 2007 )


Fué uno de mis prejuicios derribados, será por eso que sentí quererlo (sí, quererlo) desde que lo ví por primera vez en el Paseo La Plaza, allá por el año 2000, creo.

Supo transmitirme la ambigüedad de todas las cosas, teniendo como eje principal siempre la verdad y el amor presentados de manera cruda y responsable. Será porque a mi estilo, siento y vivo de esa misma forma.

Porque en un momento importante de mi vida, su todo pudo más que la suma de mis partes; y eso no se olvida... se sigue asimilando con el tiempo. Marcó un hito, enseñó, conectó con lo importante, amplió un registro diferente y más profundo de la existencia en matices insospechados o indecibles, de alta emotividad y salvaje comprensión de la humanidad en la búsqueda de la realización y plenitud individual; y en su singular camino.

Porque así y todo su cuerpo siguió gritando... no habría forma de cursar tanta verdad en una sola vida.

Gracias Fernado por la osadía de ser un real "auténtico"



viernes, 12 de junio de 2009

Lo que nos pone intensos vs. lo que nos pone tensos

En la búsqueda de lo más auténtico, es importante estar atento a la intensidad. Aquello que nos intensifica, es relevante para nuestras vidas aunque la razón intente sugerir lo contrario.

Identificar lo que nos agita, nos potencia, nos entusiasma, nos revitaliza; es uno de los mejores recursos para saber quienes somos detrás de lo que estamos pudiendo ser.

Lo que nos pone intensos, genera energía disponible para transformar en acciones. Las acciones que surgen de esa vibración interna, orientan el camino hacia la autorrealización.

El entusiasmo no depende de una intención o voluntad.

Algo de repente nos llega y nos genera una excitación especial que busca repetir la experiencia: ahí estamos nosotros, por ahi debemos seguir.

martes, 9 de junio de 2009

Fantasmas

Ante situaciones no elaboradas, suele hablarse de "fantasmas del pasado", algo que vuelve y presentifica una vivencia anterior.

Fantasmas porque se reconoce en el presente una existencia con la que ya nos entrevistamos en el pasado, que se incluye espontáneamente en una escena que no tuvo la intención de evocarla, muchas veces, todo lo contrario . Vuelve en la forma de profundos, y arraigados sentimientos, imágenes, sensaciones.

Pasado porque remite a una situación que no es la de hoy, aunque la de hoy la convoca y logra traerla.

Los temas pendientes, viven más en el presente que en el pasado. Lo pendiente insiste, se actualiza en diversas (diversificadas) formas. Busca resolverse de alguna manera, procura su descarga, su realización.

Nos duelen o nos atraen hoy, porque su valor en el ahora se resignifica y potencia por lo que significó en el pasado, cuando por algún motivo vital se impregnó en nuestro ser.

Fantasmas: presencias ante ausencias omnipresentes.

Ahuyentar los fantasmas, eliminarlos; muchas veces no es posible porque estaríamos queriendo negar un suceso importante, ya acontecido. Sí es posible aceptarlos y liberarlos... dejar que busquen un nuevo lugar en el pasado, que no susciten sensaciones tan vívidas en el ahora que interfieran en las actuales vivencias confundiendo momentos y personas; obstaculizando la percepción de lo nuevo como nuevo.

Acomodarlos en el museo de los recuerdos que no nos interesa especialmente recorrer, para que tomen una forma menos perenne.

Quizás se queden allí, quizás decidan desaparecer. Quizás, mientras, seguimos eligiendo nuevos caminos en el laberinto de nuestra vida, nos encontremos con ellos al doblar alguna esquina, y lejos de asustarnos los reconocemos, los miramos a los ojos y con un gesto complaciente, pasamos por su lado o los traspasamos y seguimos avanzando en paz con el pasado y en plena sintonía con nuestro presente.

martes, 2 de junio de 2009

Basta porque duele

"que las buenas voluntades no sean tan diferentes..." (Enrique Bunbury)

¿Por qué será que se genera tanta distancia entre lo que decimos querer del mundo y lo que hacemos por el?.

No quiero responder la pregunta, no quiero desatar las posibles respuestas. Quiero que quede flotando en esa especie de nube que todos tenemos sobre nuestra cabeza y que podemos llamar conciencia.

En más chiquito... me pregunto esto mismo sobre lo que decimos querer y hacer en nuestras relaciones cotidianas, y lo que terminamos haciendo en ellas y,en consecuencia, por ellas.

Me genera un sentimiento de impotencia, molestia, que hoy no quiere escuchar ninguna
explicación sobre la complejidad operante en el comportamiento humano; sino que tiene ganas de gritar:¡maduremos de una vez! ¡y ya!. Porque después nos quejamos: de nuestras parejas, de nuestros amigos, de nuestro jefe, de los políticos y del mundo.

Que los conflictos entre las personas existan; pero que cuenten con partes dispuestas a resolverlos, de manera honesta y respetuosa... madura. El dolor que conllevan algunas situaciones o decisiones no se puede sortear; pero la forma de plantearlo, transitarlo hace la diferencia.

Desear la inexistencia del conflicto en los vínculos o en cualquier proyecto, es tan infantil como apelar al silencio, a los caprichos, a la mentira, al ocultamiento, al resentimiento, a la negación, a la evasión o a cualquier tipo de hostigamiento - por más inocente que parezca - para abordarlos.

Estoy cansada de la sensación cada vez más acentuada con la adultez, de correr o rebotar en el medio de un pelotón desesperado de personas que buscan ser amadas, cuidadas, respetadas; muchas de las cuales no hacen más que boicotear ese derecho, que es de todos.

Estoy cansada de que en cuanto algo escapa a nuestro control, conocimientos, hábitos, costumbres, expectativas; irrumpamos con arrebatos de susceptibilidad incisiva en la vida del otro. Hablo en plural por respeto a mi humanidad tan errática como la de cualquiera; pero yo no voy haciendo estragos con ella; he trabajo mucho para eso y por eso me permito decirlo. Igual, por respeto, voy a seguir pluralizando.

Sé que muchas veces no es intencional; sino que surje de nuestras imposibilidades y frustraciones anteriores; pero hoy no tengo ganas de hablar de eso. Hoy tengo ganas de decir: "todo bien; pero basta".

Pienso en esos momentos que surgen con las personas - y más dolorosamente de nuestro círculo más íntimo - con quienes en una charla generalizada sobre la vida, encontramos puntos de encuentro, compartimos creencias y valores; y que de repente en un gesto, una palabra, nos devuelven lo mismo que cuestionan en el afuera. “La gente está loca", "la gente no tiene códigos" "la gente falta el respeto", "a nadie le importa nada", "la gente es cruel". Ahí en ese registro impersonal, estamos todos de acuerdo, ¿no?; pero son muy pocos los que tienen el valor de buscar en su persona cuánto hay de eso mismo, de lo que se quejan.

Hoy tengo ganas de decir: con la queja a otra parte, o a la parte que le corresponde conocerla.

Que cada uno se haga responsable de buscar tener la calidad de desarrollo emocional suficiente como para colaborar en hacer comprensibles sus sentimientos; poder hacerse cargo de ellos y actuar empática y respetuosamente con los otros; al menos con los que se lo merecen y/o nada tienen que ver con los avatares de su vida.

Que cada uno se ocupe de hallar su propio centro y procure ser feliz.

Sepamos que hay muchísima infelicidad que puede reducirse si nos reeducamos en el amor y en la madurez de asumirnos en la necesaria relación con los otros. El AMOR (y no hablo de "romanticismos", sino de aprender a relacionarnos con nosotros mismos y con los demás de manera saludable y productiva); debería darse como materia obligatoria en los colegios; y lo digo más en serio de lo que puedo sonar. Me gustaría meter esta idea, como una necesidad SOCIAL, GLOBAL; en la anteriormente mencionada nube que nos acompaña y nos tira letra para actuar cotidianamente. Eduquémonos emocionalmente, REEDUQUÉMONOS.

Tengamos conciencia, estimulemos la capacidad de percibirnos en cada cada acto, en cada palabra que emitimos, en cada vivencia que transitamos... Estoy como con ganas de hacer un llamado a la "solidaridad de todos para con todos".

Paremos con el proyector de nuestras frustraciones en la pantalla de la vida de los otros: el otro es el otro y sino lo aceptamos y valoramos por lo que es, por lo que aporta a nuestras vidas, no vamos a poder generar una comunicación eficaz para tratar de modificar los aspectos disfuncionales del vínculo. Pidamos ayuda, avisemos sino sabemos, no podemos, no queremos hacerlo. Esto también es muy válido y honesto: permite al otro tomar decisiones y elegir; si es que nosotros mismos no estamos pudiendo hacerlo

"Vomitar" las propias miserias en los demas, no es ser honesto. Eso es atentarlo, invadirlo, traspasarlo; no es compartir dificultades.

A quienes tienen una tendencia negativista, tóxica, de crítica permanente al mundo, a las personas y actúan generando aquello mismo que dicen rechazar... ¡los invito a que se unan y que se relacionen entre ellos!; porque encima tienden a vampirizar a quienes tienen una tendencia opuesta, de quienes por su puesto se nutren.
Ya sé que dejarse vampirizar también es un lugar donde uno puede o no ubicarse; pero, la verdad, hoy no tengo ganas de hablar de eso.

¿Por qué hay personas que de repente pierden esa sensibilidad y dimensión de lo que hacen atropellando a otro que muchas veces, ni siquiera está implicado en su cuestión?. No estoy hablando de los que son jodidos, estoy hablando de cuando nos ponemos jodidos.

La falta de conciencia, de registro del otro... duele, eso duele; más aún cuando pasa con los afectos, a quienes por definición afectamos y nos afectan.

"Un corazón no se endurece porque sí..." Cuanta verdad nos permitió expresar el Indio con esta frase. Así es, todos lo sabemos, todos lo sufrimos; sino basta con preguntarle a aquel que nos hizo daño... su corazón tampoco se endureció porque sí. Pero hoy no tengo ganas de hablar de eso, hoy quiero que cada uno se haga responsable de desactivar los efectos de vivencias dolorosas del pasado; y empujarnos a abordar de manera flexible y abierta, cada situación con el respeto por su singularidad que se merece (y nos merecemos).

Cada persona, cada situación es diferente, y nos da una oportunidad de cambiar, de modificarnos y modificar la experiencia. Depende de cada uno de nosotros.