viernes, 26 de marzo de 2010

Las Consecuencias son Inevitables

Domingos atrás, buscaba ayudar a Mateo, mi sobrino, a resolver sus tareas escolares, ya que el estaba sin ganas de abordar ese pendiente y yo tenía ganas de colaborar con eso. Me muestra un texto que debía analizar y me encuentro con un cuento "infantil" que me resultó tan gracioso como interesante, tan profundo como simple, para niños aunque más aún para adultos.


Así  como entre una cosa y la otra - y nunca mejor dicho - pasa la vida, quise compartir el relato para que cada uno piense y sienta lo que pueda sentir y pensar; como yo lo hice inevitablemente.

 La Princesa SI pero NO (Graciela Repún)

Había una princesa hermosa pero asquerosa, que se llamaba Sí pero No, que reía cuando no lloraba, y era muy buena cuando no era mala. Y desde pequeña se portaba como un angel los dìas que no se portaba como el demonio. Porque la princesa tenía un carácter complicado, aunque, en el fondo, sencillo, ya que siempre quería algo; pero no lo quería, se arrepentía  a cada rato de lo que estaba definitivamente segura. Por eso no había estudiado música ni labores, ni astronomía, ni cocina, ni esgrima, ni equitación, ni filosofía ni nada. Aunque se la pasaba dejando de estudiar música, labores, astronomía, cocina, esgrima, equitación y filosofía y...  todo lo que encontraba.
Mientras iba creciendo Si pero No había tenido pocos y muchos enamorados, que le parecían lindos pero inmundos y que le gustaban mucho cuando no le disgustaban. Sin embargo, no prefería a ninguno porque prefería a todos, y no le importaba en serio ni en broma, nada de nadie.     
Y un día, cuando ya era de noche, apareció en el palacio un príncipe simpático, pero de vez en cuando, que se llamaba Juan Aveces Mario, que se enamoró de la princesa pero no tanto, y le pidió que se casaran hasta cierto punto.    
La princesa Si pero No le contestó que para eso debía darla, aunque no era obligatorio, una prueba de amor o una de matemática. Y el príncipe Juan Aveces Mario estuvo a punto de aceptar. Un poco hizo la prueba de matema... pero no llegó a completarla, y otro poco de una prueba de algo de amor.  
El padre de la princesa, el rey Akab Allito, pensó que el príncipe Juan Aveces Mario era el marido que su hija necesitaba, aunque en realidad no estaba seguro. Para no equivocarse demasiado y acertar poco, buscó el consejo o algo parecido, del bastante sabio del reino, el famoso aunque desconocido mago, a quien todos llamaban Ted Escubrí Eltruquito. El mago fué pero vino, pensó pero no pudo, habló mucho pero calló más, y finalmente o al principio, dijo:
- "Mi rey Akab: lo mejor y lo peor será que los príncipes hagan lo que quieran, en tanto no quieran demasiado".
El rey Akab, entonces, les dio permiso para la boda, a pesar de que les dijo que se oponía.
Dicen que la boda se celebró un martes, aunque nadie está seguro de que haya sido ese día, o de que la boda se haya celebrado. Pero parece, aunque es poco posible, que los enamorados se escaparon de la fiesta justo cuando iban a comer perdices o las perdices se escaparon y se comieron a los novios justo cuando iban a ir a la fiesta.
A la princesa Si pero No y al príncipe Juan Aveces Mario se los ve muy felices juntos o separados, cuando no están llorando a mares o discutiendo a los gritos.
Les deseamos que su amor dure para siempre, por lo menos, hasta que este cuento se termine.

A mí me surgió esto:


Cuando uno no define, o no se define durante las experiencias que va transitando, el relato de los acontencimientos se empobrece, las posibilidades máximas se reducen; la historia se detiene en cada instante en el que debe comenzar, o se va desarrollando sin grandes emociones porque todo el tiempo la moción que impulsa e intenta hacer, es traccionada por su contraria. El riesgo de vivir de esta manera es que nunca se logra un vínculo comprometido, ni siquiera situacional, con las vivencias; y no hay posibilidad de aprendizaje.   


Todos tenemos ambigûedades. Cada sentimiento, cada acción, está sostenida por la negación o el rechazo de su opuesto.
  
Creo que lo importante es trascender la creencia absoluta en UNA verdad, negando otras; y/o la oscilación permanente que lleva a la inacción o a la acción lábil, carente de vida, de energía, desmotivada, generadora de relatos truncos, desapasionados.


Creo que lo importante reconocer que el universo se rige por aspectos "ying-yang" que se manifiestan en todas las cosas, y más aún... LAS HACEN POSIBLES.  
Es cierto que en el mismo momento en que decidimos tomar uno de los caminos durante un trayecto que de pronto se bifurca, se pierde cierta magia, cierta exaltación de la previa en la que "cuando aún no habíamos elegido", el mundo del "todo aún es posible" nos embriagaba de fantasia e ilusiones, de las esperanzas más parecidas a los sueños. Pero aquí también se pierde para ganar: ganamos en la concentración de nuestra energía en un proyecto determinado, despejando todo aquello que podría desestimarlo o quitarle su máximo potencial. 


Cuando la no defninición de situaciones, el andar temeroso o excesivamente cauteloso no nos permite avanzar, la infelicidad que tratamos de evitar se hace presente en la forma del eterno retorno. Se transforma en un circuito siniestro que reconocemos cuando nos encontramos siempre ubicados en el mismo lugar - por más que cambiemos de espacio físico - sintiendo  y pensando las mismas cosas. Nos desgastamos, nos viciamos de pensamientos tóxicos o vivimos una vida desafectivizada. Ninguno de esos desenlaces me parecen buena opción. 

Las consecuencias son inevitables: elegir las tiene y no elegir también
Cada uno elige, aunque crea no elegir: O somos protagonistas, artífices de nuestra propia vida, o quedamos definidos por la artificiosidad de los Otros.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Un llamado a todas las mujeres SXXI

  • Luchen por sus sueños sin perder la dignidad.
  • Desarrollen su autonomía sin perder la capacidad de brindar; pero también de pedir y aceptar ayuda
  • Cuiden su cuerpo en la medida en que cuidan su salud.
  • De todos los roles que podemos desarrollar, elijan cuáles quieren experimentar. No naturalicen construcciones culturales. Quiebren los mandatos sociales que se suponen deben cumplir, si su cuerpo y corazón, si sus pasiones e intereses, necesitan de otra cosa.
  • No sufran por lo que se supone deben hacer: creen cultura y construyan el mundo donde quieran vivir. Ser madre, esposa, saber coser, lavar, planchar y ocuparse de "abrir las puertas para ir a jugar" son lugares electivos, no los que debe ocupar una mujer.
  • Conózcanse a sí mismas.   
  • Cuiden su corazón exponiéndolo siempre a confiar en el amor. El sufrimiento tras haber amado con respeto y sinceridad, duele pero no daña; y si aprendemos en ese proceso, las experiencias son siempre constructivas: dejarán una huella que nos ayudará a recordar por dónde no nos conviene ir, a la vez que discernir lo que merecemos. Un corazón que se endurece se quiebra , y ese sí es un daño crónico que puede ser irreversible.
  • Que todas las vivencias, aunque sean dolorosas, terminen ampliando perspectiva. 
  • No pierdan su femineidad, y sepan que debe ser valorada. Redescubranla y ¡disfrútenla!. 
  • Hay ciertos lugares que, por la salud de todos, de cada persona y de la sociedad, deben ocupar los hombres y otros que debemos ocupar las mujeres. Son puntos cruciales de la dinámica de las relaciones en los que los rasgos masculinos y femeninos se complementan sanamente, aún en su desencuentro. Indiferenciarse en los roles no debería ser un aspiracional. Lo deseable es la igualdad de oportunidades, la posibilidad de conocernos y establecer acuerdos. Eso es otra cosa.
  • Disfruten de la vida. Lloren lo que deba ser llorado, rían y abracen lo que las contenga en su escencia.

FELIZ DIA (¡VIDA!) PARA TODAS.



Mi vieja, una MUJER sabia, visionaria. En mi vida, entre tantas cosas, un fuerte conector entre las realidades Siglo XX y Siglo XXI

viernes, 5 de marzo de 2010

El uso de la libertad


Vivir libremente implica, por sobre todas las cosas, responsabilidad para con uno mismo y para con los otros, respeto hacia uno mismo y hacia los demás. Requiere honestidad, autenticidad y poder de autonomía.

Por eso muchos le temen.



El que dice ser libre y necesita de un otro que le sostenga la posibilidad de juego de su supuesta libertad, no sólo no es libre; sino que es un dependiente emocional riesgoso.